Palantir, el Comando Sur y el subsuelo de América Latina

Una minera brasileña adquirida por EE.UU., Peter Thiel en Buenos Aires y un comando de guerra autónoma desplegado en el Caribe. Palantir conecta los tres movimientos. Lo que parece separado lleva años construyéndose como sistema.

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La compra de Serra Verde asegura el suministro de minerales críticos. La presencia de Thiel en Buenos Aires ancla la infraestructura de vigilancia a la alineación política regional. La creación del SAWC instala la capacidad de ejecución autónoma. Palantir conecta los tres en tiempo real. Foto cortesía: Alex Chan Tsz Yuk-SOPA Images/LightRocket.


30 de abril de 2026 Hora: 18:28

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En menos de 30 días, tres operaciones en tres países distintos revelan una misma lógica. La empresa estadounidense USA Rare Earth anunció la compra de la minera brasileña Serra Verde Group por unos 2.800 millones de dólares. Peter Thiel, cofundador de Palantir Technologies, llegó a Argentina. Y el general Francis L. Donovan, comandante del Comando Sur de Estados Unidos, ordenó la creación del SOUTHCOM Autonomous Warfare Command (SAWC), un comando dedicado a sistemas no tripulados con capacidad de operar desde el fondo marino hasta el espacio y en todo el ámbito cibernético.

El investigador venezolano William Serafino señala la secuencia. Cada movimiento, documentó, forma parte de «una misma secuencia geopolítica, militarización estadounidense de la región operada bajo un modelo de privatización corporativa, cuyo eje es el enfoque distópico de vigilancia extrema de Palantir». Los documentos estratégicos de Washington no dejan otra lectura posible.

La mina Pela Ema, en el estado brasileño de Goiás, es la única productora a gran escala fuera de Asia de cuatro elementos magnéticos de tierras raras esenciales para imanes avanzados. Sin esos materiales, no hay vehículos eléctricos, turbinas eólicas, sistemas electrónicos de precisión ni equipamiento militar de nueva generación.

China controla aproximadamente el 90% del procesamiento global de estas substancias e impuso en 2025 restricciones temporales a sus exportaciones de tierras raras pesadas, con impacto directo sobre fabricantes norteamericanos y europeos. La adquisición de Serra Verde fue la respuesta de Washington a esa demostración de poder.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, calificó el acuerdo como «una vergüenza» y acusó al gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado, de haberse excedido en sus competencias. Las legisladoras Samia Bomfim y Fernanda Melchionna, junto al diputado Glauber Braga, presentaron una denuncia formal ante la Fiscalía General de la República para impugnar la compra e investigar la actuación de Caiado. Se trata de una ocupación de Brasil que tiene una escala mucho mayor.

Esta escala implica el Triángulo del Litio —Argentina, Bolivia y Chile—, que concentra más del 50% de las reservas mundiales de ese mineral. Bolivia sola acumula entre el 21% y el 23% de las reservas globales. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y reservas significativas de coltán, mineral imprescindible para condensadores en dispositivos electrónicos y sistemas de armas de precisión. Para el profesor Fernando Esteche, la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025 trazó ese mapa con claridad.

El documento, preparado bajo autoridad de la Casa Blanca, establece lo que Esteche denomina el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, que rechaza cualquier capacidad de competidores extrahemisféricos —China, Rusia, Irán— para posicionar fuerzas, activos estratégicos o infraestructura crítica en la región. El documento no describe intenciones; establece una arquitectura.

La Estrategia de Defensa Nacional de enero de 2026 adoptó un concepto expandido de homeland que abarca todo el hemisferio occidental, desde el Ártico hasta Argentina. El Pentágono quedó instruido para proveer al presidente opciones militares creíbles contra lo que designa como narcoterroristas —una categoría lo suficientemente elástica para abarcar a cualquier Gobierno que se desvíe de la alineación hemisférica requerida— en cualquier punto del continente.

Esteche situó en ese marco la Operación Resolución Absoluta del 3 de enero de 2026, que resultó en el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro. Fue la primera aplicación de un mandato cuyo borrador llevaba meses en elaboración cuando el operativo se ejecutó.

El mecanismo de control que esa doctrina articula prescinde de la ocupación militar formal. Esteche lo llama Proyecto Vault. Basta con que los Estados firmen acuerdos de suministro de minerales críticos que excluyan a Beijing, con que sus fuerzas armadas interoperen con el Pentágono y con que sus cancilleres vuelen a Washington a rubricar marcos de dependencia diseñados por otros.

El 4 de febrero de 2026, el Edificio Truman reunió a representantes de 54 países, entre ellos 43 cancilleres, junto al vicepresidente JD Vance y Marco Rubio. Los países de América Latina, África subsahariana y Asia Central asistieron como proveedores. El G7 y sus aliados tecnológicos asistieron como procesadores y fabricantes.

Control sin ocupación. Subordinación sin conquista formal. Esa arquitectura requiere una columna vertebral capaz de operar en tiempo real, y Palantir fue construida exactamente para eso. La presencia de Thiel en Buenos Aires fue la verificación en el terreno de que esa arquitectura ya tiene anclaje en el Cono Sur.

Peter Thiel no es un millonario excéntrico con ideas libertarias. Es el cofundador de Palantir Technologies, la empresa de análisis de datos e inteligencia artificial que la CIA financió en sus inicios a través de su brazo inversor, In-Q-Tel. Una empresa concebida desde el primer día como herramienta de vigilancia estatal, financiada por la CIA y construida para servirle, no para conquistar un mercado que llegó después como coartada.

En noviembre de 2024, Thiel recibió a Javier Milei en Silicon Valley y lo elogió con la condescendencia con que un accionista mayoritario elogia a un gerente regional que cumple su función.

El alcance de Palantir dentro de la estructura federal estadounidense revela el modelo que se pretende exportar al Sur. La empresa opera con más de 27 agencias federales. Un acuerdo marco con el Ejército por 10.000 millones de dólares consolidó decenas de contratos en un solo marco. Un acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional por 1.000 millones de dólares abarca el ICE, la CBP, la TSA, la FEMA y el Servicio Secreto. Cuando un solo proveedor se incrusta en todas partes, el cliente pierde la capacidad de retirarse. El Estado deja de construir capacidad propia y arrienda sus propias funciones.

En Argentina, Patricia Bullrich negoció un acuerdo con Palantir para implementar en una Agencia de Seguridad Migratoria la misma plataforma que el servicio de inmigración estadounidense usa para sus redadas y coordinación de listas de deportación. El proceso se frenó por disputas internas sobre los contratos.

Kim Dotcom, empresario y hacker reconocido por ser el fundador de Megaupload, publicó una denuncia según la cual Palantir sufrió un ataque informático con acceso de superusuario, a través del cual los atacantes descubrieron que Thiel y Alex Karp organizaron vigilancia masiva sobre líderes mundiales y magnates, con miles de horas de conversaciones transcritas de Trump, JD Vance y Elon Musk, y mecanismos de escucha implantados en dispositivos, automóviles y aviones de políticos.

Karp nunca negó la vocación de la empresa. Su manifiesto corporativo de 22 puntos llama a convertir a la élite ingenieril de Silicon Valley en una nueva aristocracia con obligaciones defensivas, rechaza el «pluralismo vacío y hueco» y celebra el poder duro que en este siglo se construirá sobre software.

El rol de Palantir en el Proyecto Maven le vinculó a sistemas de soporte a la toma de decisiones en entornos de campo de batalla del Pentágono. La plataforma procesa inteligencia. El SAWC la ejecuta sobre el terreno. Esa es la cadena que Serafino identificó desde el primer momento y que los documentos estratégicos de Washington formalizan con nombre y presupuesto.

El SOUTHCOM Autonomous Warfare Command fue establecido para desplegar sistemas autónomos, semiautónomos y no tripulados en todos los dominios, desde el fondo marino hasta el espacio y a través del ámbito cibernético. Su mandato declarado incluye «desarticular y degradar redes narcoterroristas y de carteles», la misma categoría elástica que la NDS 2026 usa como habilitante para proyectar fuerza sobre cualquier Gobierno que cruce la línea de alineación requerida.

La secuencia que Serafino documentó alcanza aquí su dimensión más concreta. Palantir procesa la inteligencia. El SAWC ejecuta la acción. Serra Verde asegura los materiales que alimentan los sistemas. Los tres vértices del triángulo coincidieron en menos de un mes.

Lo que el SAWC formaliza como comando, el Pentágono ya lo venía practicando. Según reportó el New York Times, desde septiembre pasado se registraron 54 ataques contra embarcaciones sospechosas en el Caribe y el Pacífico oriental, con un saldo de al menos 185 muertos. En abril, el ritmo alcanzó siete ataques en un solo mes, con el despliegue de más aeronaves de ataque que en cualquier etapa anterior de la campaña. Los sistemas operan desde bases en El Salvador y Puerto Rico, con drones MQ-9 Reaper y aeronaves de ala fija de carácter secreto. Un oficial militar citado por el diario indicó que la probabilidad de que una embarcación sospechosa evada la detección bajó del 50% al 25%. El Caribe ya es el escenario de ejecución, no de preparación.

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El área norte del ecuador —México, América Central, el Caribe, Colombia, Venezuela, Ecuador, las Guayanas— funciona en esta doctrina como espacio de control directo, el territorio donde Washington ejerce soberanía efectiva sobre los recursos, las rutas, las fuerzas armadas y las decisiones políticas de los Estados formalmente independientes.

Esteche describe esa relación como lebensraum (espacio vital) en su sentido geopolítico clásico, aunque Washington prefiere el eufemismo de defensa del hogar extendido. Los Estados conservan sus banderas y sus presidentes, pero pierden la capacidad de decidir sobre sus recursos estratégicos, su política exterior y su arquitectura militar. Para los pueblos del Caribe y América del Sur, la pregunta dejó de ser si ese proceso avanza. Ahora es con qué respuesta.

Lo que Serafino identificó como secuencia geopolítica, Esteche lo diseccionó como arquitectura doctrinal y los propios documentos oficiales de Washington lo confirman como política de Estado.

El Escudo de las Américas es la fase superior del Estado de Seguridad Nacional estadounidense, donde el poder militar estatal y el capitalismo corporativo convergen para asegurar el control geopolítico del hemisferio.

América Latina no está en el tablero. Es el tablero.

Autor: teleSUR - Daniel Ruiz Bracamonte

Fuente: Agencias - PIA - NYT - Southcom